Bienvenido Martín Yuste

Bienvenido, Carmen y Nidito (Astorga, 1935)

Bienvenido Martín Yuste

Bienvenido Martín Yuste nació el 6 de enero de 1896 en Yuncler, pueblo de la comarca toledana de La Sagra. Allí creció y se casó con Carmen Martín Rojas.

En 1922 ingresó como ayudante forjador en la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal y del Oeste de España, nacionalizada en 1928 con el nombre de Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste de España (primera compañía que se nacionalizó en el país). Su primer destino fue Salamanca, donde vivió con su mujer y su hija Carmina, recién nacida, hasta que en 1924 fue trasladado a Astorga, ascendiendo a levantador forjador. Allí tendrían tres hijos más: Coronadita, que moriría al poco de nacer; Julita; y un hijo al que llamaron Bienvenido (Nidito, le decían). Iban a vivir los trece años mejores de su vida. Sus trece últimos años juntos.

Julita, Nidito, Bienvenido y Carmina en El Retiro (Vacaciones en Madrid, Junio de 1936)

En Astorga, Bienvenido se afilia a la UGT, llegando a ser presidente del Consejo Ferroviario de la UGT de la ciudad. En marzo de 1936 es nombrado concejal del Ayuntamiento por el PSOE.

El 18 de julio de 1936 se produce el golpe de Estado que daría paso a la Guerra Civil. Dos días después, mientras Bienvenido está cenando con su familia en su casa de los pabellones ferroviarios de la estación, una partida de falangistas llama a su puerta y se lo llevan en un automóvil al Cuartel de Infantería de Santocildes, situado en la ciudad.

En Santocildes permanece detenido seis meses. Durante ese tiempo envía dieciséis cartas a su familia. Cartas que Carmen guardó hasta su muerte y que llegaron hasta su nieto cuando su madre, ya mayor, se las dio para que las guardara.

El 3 de febrero de 1937 se celebra un consejo de guerra en el que se juzga a diecinueve hombres. Ese mismo día se dicta sentencia. A diez presos se los condena a altísimas penas de prisión, su delito: auxilio a la rebelión; y a nueve a pena de muerte, el delito de que se les acusa: rebelión.

Catorce días después, el 17 de febrero de 1937, a las siete de la mañana, fusilan en las tapias del cementerio de Astorga a Bienvenido junto con sus ocho compañeros. Uno de ellos también era ferroviario: Juan Guillermo Conde Caballero, 25 años, casado. Natural de Casar de Cáceres (Cáceres).

(Mi abuelo tenía 41 años. Dejaba mujer de 38 años y tres hijos de 14, 10 y 6 años.)

Texto de la carta:

Queridísima esposa e hijos, Carmen, Carmencita, Julita y Bienvenidito.                        Estas cuatro letras que os he escrito son las últimas que os escribo por haber llegado el momento de mi fin. Pero no os apuréis, muero todo lo tranquilo que muere un hombre que muere por un ideal, y que a vosotras no os ha de faltar de nada durante los días de vuestra vida. Así es que no os apuréis. Yo lo siento porque ahora era cuando yo vivía con más ilusión que nunca, por tener los hijos criado s; por eso es por lo que lo siento. Carmen, tu continúa aquí hasta que termine esto y luego os vais a Madrid, o al pueblo y a ver si tu tío te podía poner un puesto de pan. Lo único que te pido si vais al pueblo es que, con una persona, que no la mires a la cara.       

Recibís mi último abrazo de mi vida. Hasta la eternidad.

Cuartel de Sto Cildes. Astorga, 16 de febrero, 1937.                                                                                                  Bienvenido Martín

«Veo a los nueve hombres de la tapia. Permanecen casi hombro con hombro, quietos, como indiferentes a lo que sucede a su alrededor. Tan solo uno de los que aparentan menos años, tendrá poco más de veinte, parece negar con la cabeza, con movimientos rápidos, apenas perceptibles. Como un temblor.

Y le veo a él. Veo como se mira los pies hundidos en la hierba manchada de escarcha. Veo que alza la cabeza mirando al frente, por encima de los hombres que tiene delante, hacia un horizonte de cerros lejanos. Veo como respira muy despacio y muy profundo por la boca entreabierta. Y ahora sí, lo percibo con claridad, la luz sucia y fría del alba ha vuelto sus ojos azules casi transparentes.

 ―Prepárense para cargar… ¡armas! / ―Carguen… ¡armas! / ―Apunten… ¡armas!/ ―¡Fuego!»

 Fragmento del libro El Pozo del Olvido de A. C. Pérez (a.c.perez@live.com). Publicado en 2019 por Ediciones Lobo Sapiens.